SIBO ¿Seguro que lo que tienes “solo son gases”? [Parte 1]

Antes de meterme en faena, quiero dejar claro que, aunque mi idea sea escribir posts para todo tipo de público, este primer artículo he querido que fuese un poquito más técnico, ya que mi intención es que sirva al resto de mis compañeras y compañeros sanitarios. Aún así, intentaré hacerlo lo más comprensible posible para que la información pueda servirle a cuantas más personas, mejor. 🙂

Lo cierto es que cuando me decidí a escribir el post, allá por el Pleistoceno (entre la procrastrinación y otros quehaceres no he podido ponerme antes), creía que le interesaría solo a poquitas personas y al resto la palabra “SIBO” le sonaría a chino.

Sin embargo, por suerte o por desgracia, me estoy dando cuenta de que cada vez se está tomando más en consideración esta patología, cosa que me alegra enormemente, y es que bastante tenemos que lidiar las dietistas-nutricionistas para que se valore nuestro criterio profesional por ciertos compañeros sanitarios, ¡como para encima decirle a un paciente que le pida a su médico de cabecera que le trate de SIBO! Y es que, como podréis comprobar en la segunda parte del artículo, tan importante será el tratamiento dietético (por el dietista-nutricionista), como el antibiótico (por el médico).

En un principio me propuse resumir escuetamente toda esta información, sin embargo, a medida que iba escribiendo, me daba cuenta de que si pretendo que esta patología sea tomada en consideración por la comunidad médica y resto de sanitarios que desconocen su etiología y tratamiento, debía elaborar un post “algo” más denso, donde pudiese mostrar el fundamento científico que hay detrás de esta enfermedad.

Así, a lo largo del post intentaré plasmar un resumen de la evidencia científica actual con la humilde intención de que en algún momento el diagnóstico de SIBO sea algo casi rutinario en los pacientes con patologías intestinales, evitando de esta forma el continuo “mareo” al que se ven sometidas estas personas por no encontrar la solución al problema (e incluso ser derivadas al psicólogo… 🙁 ).

He tomado la decisión de dividir el presente artículo en dos partes. En esta primera entrega vamos a hablar sobre qué es el SIBO, su etiología, sintomatología y diagnóstico. Será en la segunda parte donde abordaremos la primera línea actual de tratamiento que se conoce, centrándome sobre todo (y como no podía ser de otra manera), en el dietético.

¿QUÉ ES EL SIBO?

En el tracto gastrointestinal humano hay numerosos mecanismos preparados para controlar el número y tipo de microorganismos que puedan colonizar las diferentes áreas.

El SIBO (Small Intestine Bacterial Overgrowth) se trata de un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, es decir, un crecimiento excesivo de bacterias (y otros microorganismos, como veremos más adelante) propias del intestino grueso que suponen ≥ 105 UFC/ml presentes en un aspirado del contenido del yeyuno proximal, aunque los últimos consensos establecen esta cifra en ≥ 103 UFC/ml (Rezaie, A. et al., 2017).

¿Y por qué lo de “excesivo”? Bien, para quienes no tengan formación sanitaria, hay que tener en cuenta una cosa: el intestino grueso alberga una rica población microbiana encargada de muchas funciones, de las cuales igual otro día me animo a hablar, conocida como microbiota intestinal (cada vez que alguien dice “flora intestinal”, una microbióloga sufre lentamente). Sin embargo, el intestino delgado se caracteriza por un número muy inferior de esta población, incrementándose a medida que se acerca a la unión con el intestino grueso.

De forma resumida podríamos decir que desde el estómago al yeyuno el número de microoganismos no supera ≥ 105 UFC/ml donde apenas encontraremos coliformes y hay ausencia total de anaerobios estrictos.

A medida que descendemos hacia el íleon, el número de bacterias se va incrementando, ya que su proximidad al intestino grueso determinará la presencia de bacterias tanto aerobias como anaerobias en cantidades que oscilan entre los 105-107 UFC/ml. Es ya en el colon donde la mencionada microbiota presenta cifras muy superiores, del orden de 109-1012 UFC/ml (ilustración 1).

Ilustración 1. Población microbiana a lo largo del tubo digestivo. Fuente: http://farmaciaamiga.es/lessons/composicion-de-la-microbiota-intestinal/

Sin embargo, la presencia de SIBO no siempre se debe al número de bacterias, sino que la alteración de las poblaciones instauradas en las diferentes secciones del intestino pueden ser las causantes de la sintomatología.

Entre los tipos de microorganismos que pueden producir la colonización a nivel de intestino delgado causante de SIBO encontramos:

  • Dominio Bacteria: Bacterias típicas del intestino grueso como son las GRAM negativas, anaerobias estrictas y enterococos;
  • Dominio Archaea: Methanobrevibacter smithii (la más frecuente) y Methanosphaera stadtmanae (se da con menos frecuencia);

Por lo tanto, cualquier perturbación fisiológica que conduzca a elevar/modificar la población microbiana en este tramo del tubo digestivo, tendrá como consecuencia una serie de síntomas que pasaremos a describir más adelante.

ETIOLOGÍA Y FACTORES DE RIESGO

Como se puede pensar, el organismo debe tener sus propios sistemas de defensa para impedir que este tipo de situaciones pongan en peligro la homeostasis en la microbiota intestinal, sin embargo, diferentes cambios debidos a factores ambientales, procesos patológicos o quirúrgicos, pueden desencadenar esta situación.

Entre los mecanismos endógenos de defensa para evitar la colonización de bacterias patógenas encontramos los siguientes:

  • Secreción de ácido clorhídrico a nivel estomacal: el ácido clorhídrico, además de otras funciones involucradas en la digestión, tiene un papel fundamental para evitar que las bacterias que lleguen al estómago conjuntamente con los alimentos, sean erradicadas y no pasen al resto del tubo digestivo.
  • Motilidad intestinal: gracias a los diferentes movimientos peristálticos orquestados por la musculatura del intestino, además de favorecer el avance del bolo alimenticio (llamado en esta etapa quimo) a través del tracto digestivo para su correcta digestión y absorción, existe un tipo de movimiento que está pensado para limpiar y preparar el tubo digestivo hasta la siguiente comida, enviando los restos de alimento y microorganismos presentes (que hayan superado la barrera gástrica) hacia el intestino grueso. Esta función de vaciado se realiza gracias al Complejo Motor Migratorio (CMM) y se da en los periodos interdigestivos o en ayunas.
  • Correcto funcionamiento de la válvula íleocecal: la válvula íleocecal se trata de una barrera fisiológica que establece la división entre el intestino delgado (con una baja presencia de bacterias), con el intestino grueso, donde la población bacteriana se incrementa notablemente. Como cualquier válvula, se abre y cierra en respuesta a diferentes estímulos pero su estado natural será de oclusión para mantener bien diferenciadas las dos porciones intestinales.
  • Producción de inmunoglobulinas A secretoras (sIgA) en la superficie de la membrana intestinal. Este tipo de anticuerpos estarán encargados de ejercer como barrera protectora para evitar la invasión de microorganismos patógenos.
  • Producción de jugo pancreático y bilis con propiedades bacteriostáticas.

Por lo tanto, normalmente la manifestación del SIBO se debe a problemas relacionados con estos factores de defensa, como puede ser una disminución en el pH ácido del estómago por un consumo continuado de antiácidos (cosa que curiosamente cada vez veo más frecuentemente en consulta, y que se podría evitar con cambios en la dieta); estados de inmunosupresión, insuficiencia pancreática exocrina; obstrucciones anatómicas intestinales como pueden ser divertículos o fístulas; intervenciones quirúrgicas abdominales (como la anastomosis en Y de Roux) o complicaciones postoperatorias como adherencias o estenosis.

En resumen, cualquier factor que dificulte el movimiento intestinal, modifique el pH gástrico o disminuya la secreción de sustancias protectoras contra patógenos va a ser un factor de riesgo para el desarrollo de SIBO.

Sin embargo, en la mayoría de los casos se ha visto que las modificaciones que afectan a la motilidad intestinal son el principal causante de disbiosis intestinal. En concreto, se ha visto una alta relación entre algunas enfermedades sistémicas como Parkinson, diabetes mellitus, esclerosis o hipotiroidismo con una disminución secundaria de la motilidad intestinal.

Por lo tanto, de forma resumida podríamos decir que los factores causantes de SIBO se dividen en 4 tipos principales:

  • Anatómicos: estenosis, síndrome de asa ciega o divertículos.
  • Alteraciones funcionales: daño nervioso derivado de una neuropatía diabética, pseudo-obstrucciones intestinales, esclerodermia o lenta motilidad intestinal.
  • Predisponentes al desarrollo bacteriano: inmunodeficiencia primaria y secundaria, fístulas intestinales, defecto de la válvula íleocecal y aclorhidria.
  • Multifactoriales: síndrome de intestino irritable, cirrosis, pancreatitis crónica, obesidad, fibrosis quística, nefropatía crónica, enfermedad celíaca, diabetes mellitus e hipotiroidismo.

SINTOMATOLOGÍA E IMPLICACIONES NUTRICIONALES

La dificultad muchas veces para establecer un diagnóstico diferencial con el SIBO es la gran cantidad de síntomas compartidos con otras patologías como el síndrome de intestino irritable (SII), enfermedad celíaca o intolerancias alimentarias como la malabsorción de lactosa.

Sin embargo, si sufres alguno de los síntomas enumerados en la ilustración 2 , deberías tener en cuenta al SIBO como causante de tu malestar.

Ilustración 1. Signos y síntomas de SIBO. Fuente: elaboración propia.

IMPLICACIONES NUTRICIONALES

Las consecuencias derivadas de esta enfermedad pueden provocar malabsorción, pérdida de peso y déficits de ciertos micronutrientes, por lo que será de vital importancia tener en cuenta esta situación para evitar que el daño vaya a más.

Si bien es cierto que la malabsorción de micronutrientes suele ser menos común, es importante pensar en SIBO en casos donde se presente dicho déficit unido a alguno de los síntomas más frecuentes.

A nivel general, la malabsorción de macronutrientes como grasas, carbohidratos o proteínas suele derivar del daño causado en el epitelio intestinal y su posterior inflamación. La presencia de toxinas producidas por las bacterias presentes hacen que el área de absorción intestinal se vea mermada a causa de su deterioro y produzca como consecuencia una malabsorción de grasas (provocando esteatorrea o heces grasientas), además de un déficit de disacaridasas del epitelio intestinal que impida la correcta digestión de ciertos azúcares como galactosa o lactosa. Es el hecho de detectar que una persona tenga malabsorción a la fructosa, debería hacernos sospechar de que puede haber una causa orgánica detrás de esto, más que de intentar quedarnos en el mero diagnóstico de la intolerancia.

Por otra parte, la presencia bacteriana producirá una desconjugación de los ácidos biliares, evitando que se formen las micelas encargadas de la digestión y absorción de las grasas a nivel intestinal. Además, esta desconjugación dará lugar a que el ácido litocólico que debería formar parte de las micelas ejerza un efecto dañino en los enterocitos, agravando así el problema.

En cuanto al déficit de micronutrientes manifiesto en el SIBO, el más importante será aquel asociado a componentes grasos como las vitaminas liposolubles, más en concreto la A, D y E, ya que la K, al contrario de el resto, se ve incrementada debido a la síntesis bacteriana de menaquinonas (K2), al igual que sucede con los folatos.

Otros déficits importantes son el de B12, hierro, tiamina o nicotinamida.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de esta enfermedad no queda libre de polémica. Aún a día de hoy, hay mucha desinformación sobre este tipo de prueba. Tal es así que la mayoría de mis pacientes acaban optando por recurrir a laboratorios privados para realizarla, ya que desde su centro de salud le han dicho que no conocían la prueba (aunque exista la posibilidad de pedirla desde el SAS), o que la conocían pero no consideraban necesario realizársela.

¿Qué medios tenemos disponibles para confirmar la presencia de SIBO?

La sintomatología que suele presentarse en los pacientes de SIBO es tan inespecífica que es difícil establecer un criterio diagnóstico en base a ella. Por ello, existen varios métodos para poder confirmar con un margen de error razonable, que existe sobrecrecimiento bacteriano.

En primer lugar tenemos el ASPIRADO YEYUNAL: este método consistiría en realizar un aspirado del contenido del yeyuno y su posterior cultivo microbiológico para observar el número de microorganismos presentes en esa parte del intestino delgado. Tal y como se comentó en un principio, si se alcanzasen niveles superiores a ≥ 105 UFC/ml (o ≥ 103 UFC/ml según los últimos estudios), se podría confirmar la presencia de SIBO.

Esta técnica ha sido considerada el gold standard (prueba de mayor fiabilidad) durante mucho tiempo. Sin embargo, hay algunos aspectos de esta prueba que no terminan de convencer como para poder usarla en el diagnóstico:

  • Es INVASIVA y COSTOSA: para obtener las muestras de contenido yeyunal se deberá hacer una endoscopia al paciente. Además, habrá que controlar minuciosamente las condiciones de muestreo para evitar contaminación de la muestra, lo que invalidaría la prueba totalmente.
  • PUEDE DAR FALSOS NEGATIVOS: debido a que la presencia de poblaciones bacterianas puede estar “parcheada” a lo largo del intestino delgado, si la toma de muestras se realiza en una zona proximal donde no se ha producido sobrecrecimiento, el resultado será negativo. Por otra parte, por desgracia hay muchos microorganismos que no se han conseguido cultivar en laboratorio por lo que serían necesarias costosas técnicas de biología molecular para verificar si realmente hay presencia bacteriana o de arqueas.

En segundo lugar tenemos la PRUEBA DE AIRE ESPIRADO O TEST DE ALIENTO:

Los individuos sanos producen diariamente una serie de gases como hidrógeno, metano, dióxido de carbono o sulfuro de hidrógeno en cantidades aproximadas de 100 ml. Entre estos, el hidrógeno y el metano son producidos exclusivamente por la fermentación de azúcares por parte de los microorganismos del intestino. Por tanto, en caso de existir SIBO, la administración de unas determinadas cantidades de carbohidratos fermentables como pueden ser glucosa o lactulosa, debería producir un aumento notable en la producción de dichos gases.

Precisamente en esto se sustenta la prueba de hidrógeno espirado para SIBO. En este caso se administrará glucosa o lactulosa en unas determinadas cantidades y, en intervalos de 15 minutos, se irán registrando los valores de aire espirado, junto con la sintomatología sufrida por el paciente durante la prueba, recomendándose que el test dure al menos 180 minutos (ilustración 3).

Ilustración 3. Prueba de aire espirado. Ghoshal, U. (2011). How to Interpret Hydrogen Breath Tests. Journal of Neurogastroenterology and Motility, 17(3), pp.312-317.

La glucosa en condiciones normales se absorberá en su totalidad por la superficie proximal de la mucosa intestinal, sin embargo, si existe presencia microbiana, ésta la fermentará y producirá gases que pasarán al torrente sanguíneo y de ahí pasarán a los pulmones, donde serán expulsados y medidos durante la prueba.

La lactulosa, al contrario que la glucosa, se trata de un disacárido sintético que NO PUEDE SER ABSORBIDO y sufre fermentación una vez llega al colon, por lo que también se puede usar para medir y establecer el tiempo de tránsito intestinal de cada individuo.

Actualmente hay controversia en cuanto a qué tipo de sustrato usar, sin embargo, la recomendación de autores expertos en la materia como el grupo del Dr. Pimentel es clara: el de preferencia es la lactulosa ya que la glucosa no llegaría a las porciones intestinales más distales y, por lo tanto, dar un falso negativo al no ser fermentada.

Este tipo de test es el más usado en la actualidad debido a su BAJA INVASIVIDAD, su BAJO COSTE y su SENCILLEZ.

Eso sí, será de vital importancia para la fiabilidad de la prueba seguir unas recomendaciones higiénico-dietéticas el día previo al test, ya que de lo contrario podría invalidarse. Si vas a realizarte la prueba, puedes descargartelas  en este enlace.

Por último, pero no menos importante, asegúrate que en el laboratorio donde vayas a realizarte la prueba midan HIDRÓGENO y METANO, ya que a veces los laboratorios si no se les especifica, suelen dar solo la prueba de hidrógeno, pudiendo pasar desapercibido un posible SIBO por arqueas (productoras de metano).


 

¿Te ha resultado interesante la información? ¿Conocías ya esta patología? ¡Cuéntame en los comentarios!

Y si quieres saber más, estate atento/a a la segunda parte del post, ¡prometo no hacerme mucho de rogar! 😉

 

BIBLIOGRAFÍA

Adike, A. and DiBaise, J. (2018). Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Gastroenterology Clinics of North America, 47(1), pp.193-208.

Bures, J. (2010). Small intestinal bacterial overgrowth syndrome. World Journal of Gastroenterology, 16(24), p.2978.

Chen, B., Kim, J., Zhang, Y., Du, L. and Dai, N. (2018). Prevalence and predictors of small intestinal bacterial overgrowth in irritable bowel syndrome: a systematic review and meta-analysis. Journal of Gastroenterology.

Cohen-Mekelburg, S., Tafesh, Z., Coburn, E., Weg, R., Malik, N., Webb, C., Hammad, H., Scherl, E. and Bosworth, B. (2018). Testing and Treating Small Intestinal Bacterial Overgrowth Reduces Symptoms in Patients with Inflammatory Bowel Disease. Digestive Diseases and Sciences.

Ghoshal, U. (2011). How to Interpret Hydrogen Breath Tests. Journal of Neurogastroenterology and Motility, 17(3), pp.312-317.

Ghoshal, U. (2014). Irritable bowel syndrome and small intestinal bacterial overgrowth: Meaningful association or unnecessary hype. World Journal of Gastroenterology, 20(10), p.2482.

Grace, E., Shaw, C., Whelan, K. and Andreyev, H. (2013). Review article: small intestinal bacterial overgrowth – prevalence, clinical features, current and developing diagnostic tests, and treatment. Alimentary Pharmacology & Therapeutics, 38(7), pp.674-688.

Miazga, A., Osiński, M., Cichy, W. and Żaba, R. (2015). Current views on the etiopathogenesis, clinical manifestation, diagnostics, treatment and correlation with other nosological entities of SIBO. Advances in Medical Sciences, 60(1), pp.118-124.

Rezaie, A., Buresi, M., Lembo, A., Lin, H., McCallum, R., Rao, S., Schmulson, M., Valdovinos, M., Zakko, S. and Pimentel, M. (2017). Hydrogen and Methane-Based Breath Testing in Gastrointestinal Disorders: The North American Consensus. The American Journal of Gastroenterology, 112(5), pp.775-784.

Tan, A., Mahadeva, S., Thalha, A., Gibson, P., Kiew, C., Yeat, C., Ng, S., Ang, S., Chow, S., Tan, C., Yong, H., Marras, C., Fox, S. and Lim, S. (2014). Small intestinal bacterial overgrowth in Parkinson’s disease. Parkinsonism & Related Disorders, 20(5), pp.535-540.

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20 comentarios

  1. Vaya! Achacaba mis molestias a haber tenido helicobacter pylori, pero lo cierto es que cumplo varios requisitos para que lo mío sea SIBO: gases, hipotiroidismo autoinmune, estreñimiento… Tendré que ir al médico… Gracias por la información!!

    1. ¡Hola, Sandra! Muchas gracias por leer. 🙂 Ciertamente hay muchos casos donde se da de forma conjunta con H. pylori, así que no habría que descartar la coexistencia de SIBO. Te recomiendo que se lo consultes a tu médico/a de cabecera para ver si dais con la raíz del problema. Espero que te mejores pronto, ¡un saludo!
      Por cierto, como en tu caso hay estreñimiento, si te haces la prueba, recuerda que será muy importante observar la producción de metano (no solo la de hidrógeno).

  2. Buenos días. A mi mujer le han diagnosticado SIBO. Nos gustaría saber si nos podrías ayudar en esta situación ya que muchos de los médicos o nutricionistas a los que hemos ido saben bien poco del tema. Gracias

  3. Muy útil. Tengo que ver si existe esas pruebas en mi país. Tengo la impresión que no se sabe mucho de esto. Y padezco de estreñimiento crónico. Me gustaría que me orientes. Si te puedo escribir? Gracias y saludos !

    1. Hola, Liz
      Muchas gracias por tu comentario. 🙂
      No sé a qué país te refieres pero todo es cuestión de preguntar en los laboratorios de allá. En España tampoco es fácil pero si se busca, hay muchos que realizan la prueba, así que igual puedes encontrar alguno que realice la prueba. Eso si, antes sería necesario que indagases sobre profesionales formados en tu zona, ya que si tienes el diagnóstico confirmado pero nadie te puede tratar, estarás en las mismas… 🙁

  4. Yo esto me asombra… porque ciertamente esto es nuevo para mi y hace 23 años que tengo Colón irritable y con el tiempo mil cosas más, dichas ahí.

    Es posible que cuando ya un paciente está más que visitado por un doctor aunque salgan nuevos nombramientos en general como Sibo para denominar, ni se lo notifique???

    1. Hola, Neula. En un mundo ideal lo normal es que todo el mundo se actualizase y se revisasen este tipo de casos para poder dar soluciones a situaciones que anteriormente estaban “en el aire”. Sin embargo, tal y como está de saturado el SNS, es inviable funcionar así… Por lo tanto, si sospechas de que podría tener algo que ver el SIBO, te propongo que se lo comentes a tu médico/a de cabecera a ver si se anima hacerte la prueba.
      ¡Un saludo!

  5. Hola Angela! Llevo con SIBO positivo tres años, pero leyendo articulos me he dado cuenta q me los test q tengo son incompletos (solo son de hidrogeno, no metano) he hecho muchos tto con atb, pero nunca me han aconsejado dieteticos. Me podrias orientar un poco???
    Muy bueno tu articulo!!!

    1. Buenas noches, Eva

      Efectivamente, si en tu caso eres metano positivo, el tratamiento antibiótico es diferente que si solo eres hidrógeno positivo, así que es de vital importancia conocer esto para conseguir erradicar el SIBO. Mi recomendación es que, tal y como pone en el post, te vuelvas a realizar el test pero asegurándote que el laboratorio que te lo realice mida ambos gases y use lactulosa como sustrato (evita glucosa).
      Respecto al tratamiento dietético, ya hablaré en la siguiente parte del post, pero te adelanto que efectivamente es muy importante evitar ciertos alimentos que pueden favorecer que la población microbiana que hay instaurada siga alimentándose.
      Pero ya te digo, en la siguiente entrada profundizaré en esas facetas, ¡así que espero que te pueda servir!

      Un saludo y muchas gracias por leer. 🙂

  6. Hola Angela! Gracias por tu post. Mi madre tuvo en la lapso de 3 meses 6 entradas a guardia más docenas de visitas del médico de urgencias porque le agarraban unos dolores abdominales que no podía soportar. Una gastroenteróloga le indicó un test de aire expirado y el resultado dió negativo así que le diereon ningún tratamiento.
    En fin… soy colega tuya y se me ocurrió probar con dieta baja en fodmaps. No estoy muy segura que adhiera a la misma pero algo mejoró en su sintomatología. Me alegra haberte leído sobre un tema muy común pero bastante subestimado y poco diagnosticado. Saludos desde Argentina.

    1. Hola, Elizabeth
      La verdad es que en el tema digestivo es una pena que se intenten normalizar temas como gases constantes o malestar digestivo en general… De hecho, el síndrome de intestino irritable es un cajón de sastre en el que engloban a todo el mundo cuando no saben qué tiene, ergo se deja de buscar la causa del problema.
      Efectivamente la dieta baja en FODMAPs es la clave para controlar síntomas e identificar por dónde pueden ir los tiros, pero si no se diagnostica la raíz del problema, se estará continuamente sufriendo malestar sin saber el porqué. 🙁
      Espero que tu madre esté mejor, ¡mándale muchos ánimos!
      Un abrazo desde España.

  7. Hola Angela. Debo confesar que es la primer vez que te leo, sin embargo, rescato la forma tan impecable con la que desarrollas el tema. Le das sin lugar a dudas la importancia que en realidad amerita dicha condición.

    Me Encanta que hayan Nutricionistas como Tú, apasionadas por lo que hacen y con ese deseo insaciable de conocimiento y habilidad investigativa.

    Soy de Colombia y sería un placer tenerte por aquí educándonos con estos temas de actualidad. Estoy en los últimos semestres de la carrera y nadie habia hablado jamás de dicha patología, ya que concuerdo contigo en que agrupan muchas condiciones bajo la etiqueta de Colon irritable.

    1. ¡Hola, Jonathan!
      Muchísimas gracias por tus palabras, de verdad. 🙂
      Me alegro mucho de ver que el resto de compañeros/as (o futuros compañeros, en tu caso), encontréis interesante este tipo de artículos.
      La verdad es que el placer sería mío si fuese a Colombia, jejeje. ¡Igual en el futuro tengo ese honor! Mientras tanto, intentaré seguir ofreciendo información que os pueda ayudar en vuestra práctica diaria.
      ¡Un afectuoso saludo desde España!

  8. Ángela, muchísimas gracias por tratarneste tema. Ahora mismo tengo SiBO y muchos dolores a la espera de tratamiento, y toda información es poca. Espero con impaciencia la segunda parte del tema, ya que justo en ese punto me encuentro ahora. Tengo tiroiditis de Hasimoto, celiaquía e intolerancia a la lactosa y a la fructosa (de momento, que se sepa). Ya no sé qué comer. Y confieso que temo que el tratamiento que me ponga el doctor (empeñado en rediagnostocarme de colon irritable si no es porque le invito a que mire si tengo SIBO) no sea el más adecuado…

    1. Hola, Inés.
      Muchas gracias por tu comentario, me alegra saber que te es de utilidad. 🙂
      Respecto a tu caso, créeme que te entiendo perfectamente, y es que a mi misma me está costando encontrar a personal médico especializado en el tema para derivarle pacientes y poder abordar el tratamiento de forma conjunta.
      Igualmente, con relación al enfoque dietético, aunque te animo a que leas e indagues por tu cuenta, quien deberá aconsejarte para ello es un/a dietista-nutricionista especializado/a en el tema, puesto que somos los profesionales sanitarios preparados para ello, y no el personal médico (por mucho que algunos pretendan hacer nuestro trabajo con la típica dieta de cajón…).

      Espero sinceramente que des con los profesionales adecuados y soluciones pronto tu situación. ¡Mucho ánimo!

      Un saludo,
      Á.

  9. Hola. Primero de todo me gustaría agradecerte este post, a la vez que felicitarte por lo bien elaborado que está. Se nota el esfuerzo y tus conocimientos. En segundo lugar, me gustaría preguntarte cuál sería el paso siguiente una vez realizado el test de aire espirado (comprado por mí misma y mandado a un laboratorio). Es decir, ¿contacto con un médico especialista digestivo? ¿Tendrá conocimiento sobre el asunto? Estoy un poco perdida respecto a qué hacer una vez tenga los resultados en el posible de que estos sean positivos. Tengo todos los síntomas y de momento, los medicamentos y pautas que me han dado para tratar todo este malestar no me han servido para nada…
    Un saludo y gracias 🙂

    1. ¡Hola, Andrea!

      Muchas gracias por tus palabras, me alegra que te haya parecido interesante.
      Con respecto a tu pregunta, llevo con el artículo de la segunda parte a mitad un trillón de años, pero el trabajo estresante de este mes me está impidiendo poderlo terminar. Aún así, te adelanto, es importante descartar otros problemas como la presencia de parásitos. Por otra parte, el tratamiento de SIBO debe abordarse desde dos frentes: el farmacológico y el dietético. A nivel farmacológico tu médico debe saber qué antibióticos recetarte en función del tipo de SIBO que presentes (positivo a hidrógeno, o a hidrógeno + metano). De forma paralela al tratamiento, hay que hacer dieta estricta en FODMAPs hasta que los resultados del test vuelvan a dar negativos.
      Por lo tanto, resumiendo la respuesta; sí, debes acudir a un especialista en digestivo para que lleve un seguimiento de tu caso, ya que son un pilar fundamental para tratar tu patología. De igual manera, un nutricionista especializado en estás patologías, deberá apoyar el tratamiento dietético para que el enfoque global surta efecto. De hecho, si tienes que cambiar de especialista porque no conoce el tema, hazlo, pero debes encontrar a alguien actualizado que te pueda llevar.

      Espero haberte ayudado y que te recuperes muy pronto. 🙂
      Un saludo,

      Á.

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